«Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo.»
Friedrich Nietzsche, Más allá del bien y del mal (1886).
1. El caso de la ley Seca:
Desde mediados del siglo XIX, en Estados Unidos, Maine y una docena de estados ya habían experimentado con la prohibición total del alcohol, en ciclos de aprobación y derogación. Pero esas leyes seguían siendo fenómenos estatales y aislados; la idea de una prohibición nacional seguía siendo impensable. Paralelamente, el movimiento prohibicionista venía gestándose desde el siglo XIX, impulsado por grupos como la Woman's Christian Temperance Union y la Anti-Saloon League, que asociaban el alcohol con la pobreza, la violencia doméstica y la corrupción política.
La Primera Guerra Mundial aceleró el proceso: prohibir el alcohol se presentó como medida patriótica (por ahorrar grano para el esfuerzo bélico) y con connotaciones antigermanas, ya que muchas cervecerías tenían propietarios de origen alemán. ¿El resultado? En 1919, se ratificó la 18ª Enmienda a la Constitución, por la que se establecía la Ley Seca, que prohibía el transporte, compra-venta y fabricación del alcohol en todo el país. Afortunadamente, ante la proliferación de mercados negros, mafias, muertes por alcohol adulterado e incapacidad del sector público para reprimir a la ciudadanía, en 1933, se ratifica la 21ª Enmienda a la Constitución, por la que se derogó la Ley Seca.
¿Qué ha sucedido aquí? Una política impensable (prohibir la libertad para el consumo de alcohol) se ha convertido en una política pública popular y de nuevo en una política impensable, en un margen de 40 años. La ventana de Overton, explica exactamente este proceso.
2. ¿Qué es la ventana de Overton?
A finales de los 90, Joseph Overton, miembro del think-tank Centro Mackinac de Política Pública, desarrolló este concepto político, que pasó a denominarse ventana de Overton a partir de su muerte en 2003. La idea es la siguiente: toda idea se puede volver válida e incluso popular para la opinión pública, independientemente de su contenido. No importa cuán tabú o bárbara sea una idea en su origen: si se expone, repite y normaliza el tiempo suficiente, puede acabar siendo mayoritaria, independientemente de si es verdadera, moral o justa.
Cabalmente, toda sociedad posee un espectro de ideas que Overton describió en seis categorías: impensables, radicales, aceptables, razonables, populares y, finalmente, políticas públicas. En un extremo está lo impensable: aquello de lo que nadie proferiría una apología en público sin arriesgar su reputación . Un paso más allá aparece lo radical, sostenido sólo por minorías activistas dispuestas a pagar el coste social de defenderlo. Cuando una idea empieza a discutirse sin escandalizar pasa a ser aceptable, y si logra articularse como postura razonable dentro del debate público, se vuelve sensata. De ahí solo queda un paso para ser popular, respaldada por la mayoría, y, finalmente, política vigente: ley, norma o práctica instalada. La ventana de Overton describe esa franja de ideas aceptables, razonables y populares que toda sociedad posee. Pero esta ventana es voluble, e independiente de la verdad o la moralidad de las ideas. Una idea puede ser popular y transformarse en política pública, sin siquiera ser buena o beneficiosa para la población.

El ejemplo del alcohol es claro: la prohibición completa del alcohol en los Estados Unidos era una idea “impensable”, pero los movimientos prohibicionistas y la prensa de la época, pusieron sobre la mesa la idea de que “aumentar las restricciones” no sería una mala idea, dadas las circunstancias. ¿Qué consiguieron? Desplazaron la ventana de Overton: ahora la prohibición del alcohol ya no era impensable, tan solo algo radical. El tiempo y los movimientos prohibicionistas lograron continuar desplazando la ventana de Overton, hasta que para 1919, lo popular era la prohibición, y lo radical, la libertad para el consumo de alcohol.
3. ¿Cómo se mueve la ventana de Overton?
La ventana de Overton es el resultado de la opinión pública, pero ¿quién genera esa opinión? Quizá el lector piense que muchas de sus ideas son suyas propias, que las ha gestado o adquirido por sentido común u otros modos, pero lo cierto es que gran parte de lo que hoy llamamos sentido común, no lo era hace 200 años. Por tanto, la pregunta sigue siendo válida y su respuesta, la podemos encontrar en diversos lugares, puesto que no todo cambio tiene el mismo detonante o modus operandi. En rigor, son los medios, los intelectuales y los think-tanks y activistas, los que mueven el debate público. Quizá por ello, la política se ha aliado especialmente con los dos primeros.
Existen dos procesos fundamentales para mover la opinión pública, siendo el primero el más común y el segundo el más eficaz a corto plazo:
Desplazamiento por evidencia y coste acumulado: En los años 50 y 60, en muchos países beber y conducir era un asunto casi cómico: era impensable que un amigo te quitara las llaves del coche por ir "demasiado borracho". Hacia los 70, los primeros estudios que vinculaban el alcohol con el aumento de accidentes mortales comenzaron a desplazar lentamente la ventana. En 1980 se fundó MADD (Madres Contra Conductores Ebrios) tras la muerte de una niña a manos de un reincidente. Hoy, conducir borracho es un delito grave y motivo de vergüenza social, justo lo contrario de hace setenta años.
Desplazamiento por efecto ancla: El efecto ancla es un sesgo cognitivo que consiste en la sobredependencia de la primera información que tenemos como punto de referencia. Esto es, cuando se nos presenta una idea más extrema que lo que ya consideramos extremo, esta se convierte en el nuevo punto de comparación, de modo que las ideas “radicales” dentro de la ventana de Overton, pasan a ser aceptables. Quizá el caso más claro sea el de Milei, que introdujo por primera vez al debate público, durante la campaña presidencial argentina de 2023, la idea de cerrar el Banco Central y dolarizar la economía. Esta idea continuó siendo radical, pero a su vez desplazó la ventana de Overton: liberalizar el mercado, reformar el Banco Central y reducir el gasto público, ya no eran ideas radicales, sino que se convirtieron en razonables, permitiendo la victoria electoral de Javier Milei. La dolarización o el fin del Banco Central de la República Argentina nunca llegaron a suceder, pero el ancla cumplió su objetivo: desplazó el centro del debate.
4. ¿Por qué la ventana se mueve tan rápido hoy?
Es harto sabida la dicotomía que el advenimiento de la posmodernidad ha traído consigo, entre la “verdad absoluta” más cartesiana y la “posverdad”. Esta última no es más que una distorsión, una mentira, una ilusión. Lo cierto es que si algo ha caracterizado a la filosofía de finales del XX y, consiguientemente, de lo que va de siglo, es el relativismo; no sólo en lo artístico o conceptual, sino también en lo moral y lo gnoseológico. Parece que hoy, más que nunca, cada uno posee su propia verdad, inalienable e incontestable; ya no sólo es que consideremos que la verdad es subjetiva y no objetiva, sino que hemos llegado a los extremos de invertir valores que otrora parecían fundamentales.
Este terreno ha conformado el caldo de cultivo idóneo para la mixtificación de la verdad, de modo que cualquier idea semeja depositaria de la capacidad de volverse políticamente correcta. Generadores de opinión (la intelligentsia), siempre han existido, y quizás sea contradictorio que en una época con el mayor acceso a la información de la historia de la humanidad, la opinión pública sea cada vez más líquida y voluble.
Lo que es claro es que si la ventana de Overton es cada vez más tornadiza, es resultado de una crisis cultural y filosófica, a la que debemos hacer frente a través de un debate que permita ver si algo es buena, moral o justo, a través de la argumentación y la confrontación de ideas, y no de la defensa del dogma o la reiteración de aquello que se ha vuelto popular.
5. ¿Por qué nos importa la ventana de Overton?
La ventana de Overton es un modelo explicativo que nos ayuda a entender cómo se transforman las sociedades sin rupturas revolucionarias y también es un mecanismo que ha permitido abolir la esclavitud, conquistar el sufragio femenino o el matrimonio homosexual. No obstante, también nos obliga a plantearnos si ciertas ideas que hoy han sido asumidas como “sentido común”, han sido aceptadas por ser buenas o por ser populares. No entraremos en que políticas públicas son buenas o malas, pues esto es responsabilidad de cada quién, pero recomiendo al lector preguntarse lo siguiente, la próxima vez que escuche una idea descabellada que contradice al “sentido común”: ¿la idea no tiene sentido, o solo contradice lo que tú llamas normalidad?
«No sigas a los muchos para hacer mal, ni respondas en litigio inclinándote a los más para hacer agravios.»
Éxodo 23:2.
Sobre el autor
Diego Araujo es un contribuyente de Cerna.
Estudiante de Economía en la USC, Premio Extraordinario de Bachillerato 2025 y ganador del Parlamento Xove 2026 (categoría universidad) junto a Héctor González Prego, reconocido además como Mejor Orador de la edición. Sus columnas nacen de una inquietud por entender el mundo desde la filosofía política, la economía, las ciencias políticas y el derecho, con un interés especial en el estudio de la libertad, además de artículos más técnicos centrados en el análisis político-filosófico, la economía austríaca y los fundamentos macro y microeconómicos.
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